Las Fuentes. Un sorbo de Roma en 160 segundos
Roma está salpicada de fuentes, pero ninguna es tan célebre y deslumbrante como la «Fuente de Trevi». Representa a Neptuno, dios del mar, en un carro tirado por caballos marinos y tritones. A su derecha se encuentran alegorías de la Fertilidad de los campos y la Abundancia, y a su izquierda los Dones del Otoño. En 1731, el papa Clemente XII convocó un concurso público para su realización, motivo de la inscripción «CLEMENS XII PONT MAX» en el centro de la fuente. El proyecto fue encomendado a Nicola Salvi y, tras su muerte en 1751, fue completado por Pietro Bracci y su hijo en 1762. La fuente es alimentada por el Acueducto Vergine (Acqua Virgo), el único acueducto romano que sigue funcionando desde la antigüedad sin interrupciones.
Es tradición lanzar monedas a la fuente; esta costumbre podría derivar de la antigua práctica de ofrecer objetos a los dioses, o tal vez de la famosa película «Tres monedas en la fuente» de 1954. Actualmente, las monedas lanzadas se donan a Cáritas.
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En la Plaza Navona encontramos la fuente más espectacular: la «Fuente de los Cuatro Ríos», realizada por Bernini entre 1647 y 1651. En su centro se eleva un obelisco rodeado por una base de travertino sobre la que se encuentran cuatro estatuas alegóricas de ríos muy lejanos: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. Cada una fue realizada por un escultor diferente, y juntas representan el poder mundial del papa.
Detrás de esta magnificencia se esconde una leyenda inquietante: la Fuente de los Cuatro Ríos también es conocida como la fuente de los enamorados, y se cuenta que si una pareja la rodea en sentido antihorario, caerá bajo una maldición lanzada por una bruja que vivió en la plaza años atrás: su relación se romperá en menos de 6 días.
La segunda es la «Fuente del Moro», tallada en precioso mármol antiguo. Representa a un hombre emergiendo de una concha mientras lucha contra un delfín; fue diseñada por Bernini, pero realizada por Ludovico Rossi en 1654. Por último, encontramos la «Fuente de Neptuno», la más reciente. Fue encargada por el papa Gregorio XIII y diseñada por Giacomo Della Porta. Permaneció incompleta, sin estatuas, hasta el siglo XIX, cuando se añadieron las figuras actuales: Neptuno luchando contra un pulpo, rodeados por caballos marinos.
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En el centro de la Plaza de España se encuentra la «Fuente de la Barcaccia», que originalmente fue concebida como una cisterna. En 1626, el papa Urbano VIII encargó su construcción a Bernini, aunque fue terminada por su hijo en 1629. Según una antigua leyenda, su forma fue inspirada por un barco arrastrado hasta ese lugar por una crecida del río Tíber en 1598.
La «Fuente de la Barcaccia» fue la primera fuente concebida exclusivamente como obra escultórica. Representa un barco a punto de hundirse, con el agua rebosando de su interior hacia una cuenca inferior.